Palma soyate: tejiendo el tiempo

Jasmín Aguilar • Catarina Illsley • Jorge Acosta • Tonantzin Gómez • Albino
Tlacotempa • Álvaro Flores • Juana Flores • Emma Miranda • Domitila
Sazoxoteco • Eleucadio Teyuco

La palma soyate, también conocida como palma dulce o palma sombrero, ha sido utilizada desde tiempos remotos en el sur de México para elaborar diferentes productos, tanto para el uso familiar como para el mercado: petates, cestos, bolsas, sopladores, sillas, juguetes, escobas, techos, cojinetes para bestias, cuerdas para todo tipo de amarres, entre muchos más. Hoy en día se identifican más de 100 usos diferentes. Cada semana se comercializan toneladas de productos de palma en los mercados de la extensa región donde crece esta planta, entre la Mixteca oaxaqueña y la Montaña de Guerrero, incluyendo regiones de los estados de Puebla, México y Morelos.

La diversidad de productos de palma parece infinita. Cada semana aparecen nuevos diseños en el mercado de Chilapa. Los petates, tenates y cestos son de origen prehispánico; los sombreros fueron introducidos por los españoles; a partir de la invención de la máquina de coser se empezaron a hacer mantelitos y se diversificaron las posibilidades.

Una palma, muchos servicios

Antes de la llegada de los españoles, los grupos indígenas del occidente y sureste de México pagaban como tributo al imperio azteca cestos, petates, pequeños asientos y otros productos elaborados con la palma soyate. Durante la Colonia, los monjes franciscanos iniciaron la producción de sombreros, la cual se convirtió en una de las industrias de exportación más importantes de México durante el siglo XIX y principios del XX. Con la entrada de la máquina de coser y el crecimiento de la industria turística se crearon artesanías de palma con diseños novedosos: mantelitos, bolsas, cestos, tapetes, adornos navideños, etc., que en la actualidad se venden mucho. Aún se siguen elaborando sombreros a partir de las cadenas de producción establecidas hace más de 100 años.

Hoy en día la palma sigue siendo un complemento para la economía de más de 50 mil familias campesinas indígenas y mestizas, aunque los ingresos obtenidos son muy escasos: una persona puede ganar de 1.5 a 2 pesos por seis horas de trabajo con la palma, apenas para comprar una pieza de pan. A pesar de eso, trabajan la palma todo el año y es una fuente permanente de ingresos, con los cuales los miembros de la familia, quienes no migran a otras partes de México o al extranjero (mujeres con hijos, niños, ancianos), pueden enfrentar los gastos diarios; los gastos mayores los cubren con las remesas de los migrantes.

Una palma, dos formas

La forma de la palma depende mucho de la manera e intensidad de su aprovechamiento. Cuando se deja desarrollar el tallo original, el que salió de la semilla, sin cortarle más que dos a tres hojas cada año, la planta crece en forma de palmera y puede alcanzar hasta nueve metros de altura. Si se corta el tallo principal o se cosechan demasiadas hojas, le brotan numerosos hijuelos de las raíces y de la base del tallo, los cuales forman grandes grupos de pequeños tallos que cubren hasta 10 metros cuadrados. Así, la misma planta, a partir de una sola semilla, puede seguir viviendo durante cientos de años y puede llegar a formar manchones muy grandes, todos con la misma información genética.

Las hojas surgen plegadas de la punta de la planta para después abrirse en abanico. En tiempo de lluvias una planta produce una hoja cada dos semanas aproximadamente, mientras que durante las secas aparece una cada tres semanas en promedio. Brahea dulcis es una de las palmas mexicanas de mayor productividad foliar, pues puede llegar a producir más de quince hojas en un año, mientras que otras especies sólo producen de dos a cuatro hojas en el mismo tiempo.

Las hojas utilizadas para sombreros y artesanías deben ser tiernas, aún plegadas y medir por lo menos 50 centímetros de longitud. En un día se cosechan entre 100 y 200 hojas. La familia se organiza y combina esta actividad con el trabajo de la milpa, el cuidado de los animales o el corte de leña.

Para elaborar los artículos de palma generalmente se cosecha la hoja inmadura y plegada, llamada velilla o cogollo. El corte de las hojas retrasa el crecimiento de la palma. Si se cortan demasiadas hojas, la planta crece poco y produce pocas y pequeñas hojas, inadecuadas para trabajarlas. En muchas regiones, para encontrar hojas de buen tamaño es necesario caminar largas distancias.

El proceso de la cinta

La base de muchos de los productos de palma es la cinta, una trenza hecha con delgadas tiras de hojas de palma de 20 metros de longitud. En las comunidades palmeras, la mayoría de los habitantes mayores de ocho años tejen cinta, y todos los miembros de la familia toman parte en las diferentes actividades de su preparación: recolectar, hervir, secar y cortar en tiras las hojas.

En las comunidades de Guerrero la palma es un bien común y cualquier persona puede cortar las hojas. Éstas se recolectan en el monte, actividad realizada principalmente por hombres y niños, quienes combinan esta actividad con el pastoreo de ganado y la recolección de leña para cocinar. Las mujeres y los ancianos cortan palma en los parajes más cercanos a la comunidad. La hoja sin abrir, que se elige según el tamaño, madurez y color, se corta con cuidado para no dañar las hojas que apenas están brotando. En una salida se cortan entre 100 y 200 hojas.

La palma se lleva a la casa para hervirla y secarla. Esta actividad ocupa varios días y generalmente la realizan las mujeres y los niños. Después, la palma se vende como materia prima o bien, en la mayoría de los casos, la misma familia la transforma en cinta.

Sólo en misa y en la escuela está prohibido tejer. En cualquier otro lugar y tiempo la gente teje cinta: en la casa, la calle, el monte, mientras camina detrás de sus animales, rumbo a la tienda y al molino, mientras ve televisión o asiste a las asambleas comunitarias. El tejido de cinta se realiza en un tiempo paralelo, de manera simultánea a las actividades cotidianas. Quizás esto explique que siga realizándose esta actividad poco remunerativa.

La cinta trenzada se mide en rollos de alrededor de 20 metros de largo por dos centímetros de ancho. Para hacer un rollo se ocupan aproximadamente tres hojas de palma y se invierten aproximadamente seis horas de trabajo. Se vende a intermediarios, quienes acuden a la propia comunidad o al mercado regional, al mismo precio de hace más de 10 años, a pesar de la inflación.

La colecta de la palma es un trabajo de hombres y de niños principalmente; las mujeres sólo cosechan en los parajes cercanos al pueblo. Hervir, secar, rajar y tejer la cinta es trabajo de toda la familia: niños, adultos y ancianos.

Las cadenas y los desafíos

Las cadenas de producción y comercialización para los diferentes productos de palma pueden ser muy grandes. Las comunidades se han especializado, de modo que algunos productos pasan hasta por cuatro de ellas antes de llegar al mercado (en una comunidad se teje cinta, en otra la cinta se convierte en tela, en otra se cortan y costuran las bolsas y en una más se terminan). Las cadenas productivas más antiguas, establecidas hace más de 100 años, son las de los sombreros. La cinta se elabora y comercializa en la región de Chilapa, Guerrero; los sombreros se tejen en Tlapehuala, Guerrero; Tehuacán, Puebla, y Sahuayo, Michoacán, y se venden en todo el país y en el extranjero. Las artesanías se venden en el mercado de Chilapa; en los centros turísticos de Guerrero; en las grandes ciudades de México y en el extranjero. Se vende mediante pequeños y grandes intermediarios, pero también los propios artesanos las ofrecen en las calles y los mercados populares de las ciudades.

Una familia puede elaborar entre cinco y 30 rollos de cinta por semana. En cada comunidad hay acopiadores, quienes la revenden a otros acopiadores regionales. A su vez, éstos los llevan a los talleres de sombreros de Chilapa y Tlapehuala, Guerrero o a Tehuacán, Puebla, Sahuayo o Jarácuaro, Michoacán.

Gracias a la versatilidad de la palma y a la creatividad de los artesanos, continuamente aparecen nuevos artículos, lo cual ayuda a mantenerse en el mercado. Sin embargo, las mercancías de palma convencionales, como los cestos y bolsas, compiten cada vez más con los productos importados de China, los cuales, por sus bajos precios, son preferidos por las cadenas de supermercados y otros compradores de mayoreo.

Algunas comunidades de la Mixteca oaxaqueña, que llegan a tener miles de hectáreas de palmares, han realizado un manejo sustentable de las plantas por más de 200 años. Este manejo merece ser reconocido e incentivado. En otras partes, la sobreexplotación de hojas y el corte de los tallos para usarlos en la construcción han llevado a la proliferación de manchones de tallos pequeños de hojas pequeñas. En estos casos se pueden usar prácticas tradicionales para incrementar la productividad y recuperar los palmares, tales como limitar el corte de hojas, eliminar las hojas secas y quitar hijuelos.

La palma soyate es un recurso muy noble y productivo que ha aportado recursos a las economías campesinas por muchos años. El problema ha sido el precio. Para mejorarlo, ente otras cosas, hacen falta estrategias de venta directa a los consumidores, donde se les informe que se trata de productos campesinos y, si es el caso, que provienen de palmares manejados de manera sustentable. Además, se requieren políticas públicas que reconozcan e incentiven la inversión hecha por las comunidades campesinas en este manejo.

Fuente: La riqueza de los bosques mexicanos: más allá de la madera. Experiencias de comunidades rurales
Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y CIFOR, Montana, México.
2005. 200 páginas.
(Este libro está publicado como PDF y se puede bajar de forma gratuita en http://www.cifor.cgiar.org/Knowledge/Publications/Detail?pid=1890)

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