Dan la batalla con artesanías

Con paciencia y esmero, la señora Concepción cose los trajes de un batallón completo. Con la misma dedicación elabora unos diminutos rifles y teje henequén para fabricar curiosos sombreros.

Su hijo, Alberto, pega pedazos de periódico con la habilidad que ha adquirido y, al final de su trabajo, los pedazos de periódico y engrudo se convierten en un cuadro con el rostro de Cristo en relieve y perfectamente enmarcado.

Son las artesanías poco reconocidas por los celayenses, pero que para los artesanos como Concepción y su hijo Alberto, son su forma de vida y una tradición heredada de generación en generación.

Concepción Balderas Moncada es una artesana de 55 años. Cuando era joven, aprendió el oficio de su madre, quien se dedicaba a elaborar muñecos de trapo. Antes, la abuela y bisabuela de Concepción se dedicaban también a esto.

“Yo creo que desde antes, o sea que más arriba de mi bisabuela, su mamá y no sé quien más ya se dedicaba a esto. Pero de la que me acuerdo y que yo sé que lo hacía es mi bisabuela”, recordó Concepción.

La artesana elabora muñecos de trapo. Los hace de tela y los rellena con estopa; por dentro les coloca alambre para que estén firmes y a la vez puedan mover sus extremidades.

Cada detalle se hace con paciencia. Ella misma elabora sus ojos, les pinta la boca, les hace rebozos a las muñecas y sombreros de henequén a los muñecos. Con esmero cose cada uno de los vestidos, los sacos, los pantalones y hasta los más mínimos detalles. Con el mismo procedimiento elabora piezas en miniatura; lo mismo fabrica un batallón, que un circo o una feria con todos sus detalles. Su hijo le ayuda a elaborar las piezas de adorno, como el pergamino de don Ignacio Allende; una de las piezas que elabora con motivo del mes patrio.

Luis Alberto Alvarado Balderas, hijo de Concepción, hace piezas de periódico y engrudo; aprendió sólo hace unos meses; pega uno a uno los pedazos y fabrica diferentes figuras; desde huevos de caricatura muy mexicanos, hasta cuadros religiosos y centros de mesa.

Después de que secan las piezas, Alberto les da una pasada con pintura y, luego, les pega otros detalles como los ojos, los rebozos, las faldas o los rifles.

En ninguno de los casos hay moldes para hacer las piezas que elaboran. Todas sus creaciones salen de su imaginación y cada pieza es única.

Este trabajo sí es difícil, pero Concepción dice hacerlo con gusto. Su trabajo ha traspasado fronteras y eso para ella es suficiente.

“A mí me gusta lo que hago; sí es laborioso y cansado pero toda la vida nos hemos dedicado a esto y ya nos acostumbramos. Mi trabajo ha llegado hasta el extranjero; se lo han llevado a Atenas, en Grecia; a Estados Unidos y Canadá”, dijo la artesana.

Dedicarse a esto y vivir para esto le ha pasado factura. Concepción dice que su vista está cansada y que su cuerpo también lo resiente, pero no dejaría de ser artesana.

Buscan ser apoyados

A Alberto y a su mamá les encantaría que hubiera un lugar donde todos los artesanos pudieran reunir sus productos y ofrecerlos a los celayenses y a los extranjeros.

Pero dicen sentir que las autoridades no dan el apoyo suficiente y la ciudadanía no reconoce ni aprecia la artesanía local, por lo que dijeron esperar que algún día esta situación cambie.

“Sería muy bueno que hubiera un lugar donde pudiéramos estar todos vendiendo lo que hacemos para que la gente de aquí y los que llegaran de fueras supieran dónde estamos y acudieran ahí a comprarnos estas piezas”, comentó Concepción Balderas.

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