El rebozo: un arte en peligro de extinción

Se trata de un versátil accesorio que puede darte un toque de distinción y elegancia y que puedes usar en cualquier ocasión.

  • Por JUAN MANUEL ZARAGOZA REA
  • Este artículo apareció en el diario La Opinión.

Desde tiempos prehispánicos el rebozo se constituyó como una pieza textil única, que trascendió su condición de accesorio, para transformarse en un símbolo de identidad nacional, en el que los artesanos mexicanos por largo tiempo, han logrado plasmar  la creatividad y sentimiento del arte indígena y popular.

Qué mejor indicativo de su trascendencia, que su destacada presencia en el uso que la mujer le da en momentos significativos de su vida, como son: arrullarla en su nacimiento, complementar su ajuar nupcial y, finalmente, ser parte de la indumentaria que ha de acompañarla en su tránsito al más allá.

Los otrora boyantes centros de producción como Santa María del Río en San Luis Potosí, Tenancingo en el Estado de México, La Piedad, Michoacán, Santa Ana Chautenpan, Tlaxcala y Moroleón, Guanajuato, acusan considerables bajas en la compra de sus extraordinarios productos, aferrándose sus artesanos a continuar en el giro, más por amor a la tradición, que por el negocio.

En busca del ajuar perdido
Nuestra búsqueda de tejedoras de telar de cintura nos llevó hasta Tenancingo, municipio mexiquense ubicado a 30 minutos de Toluca y vecino de Villa Guerrero, famoso por su producción floral.

En el mercado municipal encontramos a doña Josefina López, quien se dedica a la elaboración de esta prenda: “Provengo de una familia de reboceros de toda la vida, en un negocio que inició mi bisabuela y que heredó a mis abuelos, padres, tíos y finalmente recayó en mí y mis primos”.

Con su hija y nieta como testigos, Doña Josefina comenta con tristeza que el telar de cintura está en peligro de extinción por diversas causas, la primera y más contundente es la muerte de las personas que se especializaban en las distintas fases del proceso de elaboración del rebozo, es decir, que la elaboración no sólo dependía de el o la tejedora, sino que previo a ello, estaba el artesano que teñía las distintas tonalidades en el hilo, el artesano que dibujaba los diseños y el encargado de realizar las mezclas de hierbas para aromatizarlo.

Estas personas no lograron que sus hijos o familiares se interesaran en continuar con la tradición, dado que ellos encontraron otras formas de manutención que les implicaba menos esfuerzo y tiempo, y por los que obtenían iguales o mejores ingresos. En consecuencia, al morir estos artesanos, junto con ellos morían los secretos del oficio.

Así se hace un rebozo
“El primer paso consiste en hervir o atolar el hilo, dependiendo del proceso a utilizar y el rebozo a elaborar; si es de ‘aroma’ se tendrá que hervir el hilo en una mezcla de agua con distintas hierbas entre las que se encuentra el mije, el romero y el zempatzuchitl, además de otros elementos que se guardan celosamente como secreto de familia; o bien ‘atolar’ en almidón si es un proceso normal.

Acto seguido se tendrá que pepenar y asolear el hilo, para hacer madejas, en este momento, expertos tiñen el hilo con distintas fórmulas que habrán de dar las diversas tonalidades características del modelo de rebozo.

El siguiente paso es uno de los más importantes: el urdido, que consiste en colocar el hilo en el telar, para trazar y diseñar los entramados que llevará el cuerpo del rebozo. Esto incluye además del trazo, proteger las partes que no se desea teñir (no confundir con el teñido base previo).

Pero sin duda el punto más importante, dado que determina en buena medida la calidad de la pieza, es la elaboración del rapacejo o lo que podríamos denominar el fleco del rebozo, que es la parte que lleva el trabajo más complejo y su duración puede prolongarse hasta 30 días. Este puede ser con nudos o deshilado, y puede lucir grecas, letras o figuras; hoy día podemos encontrar los estilos de jarana, rejilla o petatillo” explica Doña Josefina.

Sus precios fluctúan entre los $200 pesos el de menor calidad, denominado “torzal”  elaborado en hilo del número 70 y $3,000 pesos en el caso del reservista, que está elaborado con hilos del número 100 o 120,  y acota: “entre más fino es el hilo, más difícil es trabajarlo. La durabilidad de un rebozo depende de cómo lo trate usted, pero en promedio uno de aroma, con un uso rudo y frecuente, dura entre cinco y seis años, y se acaban a la par, la tela y el aroma”, dice la entrevistada.

Esta distinguida prenda es un tesoro que no debemos dejar desaparecer, pues habla de nuestra cultura, de la labor de nuestros artesanos y de una bella tradición que debemos preservar y que es un símbolo de elegancia en el vestir.

“La perseverancia es el motor del éxito”.
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