Patrocinadores

Enlaces

Papel amate: presente de un papel tradicional de corteza

Citlalli López

Los turistas que visitan México pueden encontrar papel amate en casi todos los mercados artesanales del país. En La Ciudadela, el mercado artesanal más importante de la ciudad de México, los pasillos están abarrotados de hermosos textiles, cerámicas, máscaras de madera y papel amate elaborado con corteza de árbol y decorados con coloridos motivos de flores, aves y escenas de la vida en el campo. Para muchos turistas es el perfecto recuerdo de viaje: ligero, fácil de transportar y más económico que otras artesanías.

Este papel amate cuenta con una larga historia. Antes de la llegada de los españoles se usaba en trajes ceremoniales y en ofrendas a los dioses. Los libros prehispánicos, conocidos como códices, registraban sobre papel amate la historia, relatos míticos y los calendarios que guiaban la vida ritual y agrícola. De acuerdo con algunos relatos históricos, era tanta la demanda de papel amate que cerca de 40 comunidades se dedicaban por entero a su manufactura.

Durante la Colonia, la producción de papel amate estuvo prohibida. Los colonizadores impidieron su uso por considerar que estaba asociado con las creencias indígenas y con la capacidad de gobernar y controlar. Para satisfacer su demanda de papel, los españoles importaban papel manufacturado con fibras de algodón desde Europa. A pesar de la prohibición de elaborar y utilizar papel amate, algunos grupos indígenas lo utilizaban clandestinamente. Los otomíes de la comunidad de San Pablito, en la Sierra Norte del estado de Puebla, continuaron elaborándolo para usarlo en rituales agrícolas y de curación.

Las artesanías elaboradas con papel de corteza son el resultado de la creatividad de los otomíes y los nahuas.

La fusión de dos tradiciones indígenas

La manufactura de papel amate como producto artesanal se inició a principios de los años 60, cuando los otomíes de la Sierra Norte de Puebla y los nahuas, de las orillas del Río Balsas, en el estado de Guerrero, empezaron a combinar distintas habilidades de su trabajo tradicional. Los primeros proporcionaron la base de papel, mientras que los nahuas plasmaron los diseños que originalmente pintaban sobre piezas de cerámica. De forma creativa y dinámica, los artesanos de ambos grupos indígenas continúan creando nuevos diseños, formatos y usos.

El papel amate se vende en muchos lugares. Mientras que los artesanos viajan a los mercados de las ciudades y puestos de venta en las calles para ofrecer sus productos, los intermediarios abastecen a las tiendas de artesanía y a los bazares de ciudades turísticas. Los precios varían enormemente en función del comerciante y la ubicación. Por ejemplo, en San Pablito, un artesano recibe aproximadamente un peso por una hoja de tamaño normal (40 centímetros x 60 centímetros). Por su parte, los comerciantes en los principales centros turísticos obtienen alrededor de 200 pesos por un papel amate pintado y su valor llega a alcanzar los 400 pesos en museos y bazares. Las piezas más elaboradas han sido expuestas en museos, galerías de arte y universidades, y sus precios alcanzan hasta cinco mil pesos.

La necesidad de más corteza

En la época prehispánica, el papel amate se elaboraba con árboles pertenecientes a la familia de los Ficus. La palabra amate se deriva del vocablo náhuatl amatl y, se refiere tanto al árbol de Ficus –o higuera– como al papel elaborado con su corteza. Actualmente éstos se aprovechan ocasionalmente ya que su crecimiento es lento y tienen una distribución restringida. A medida que la demanda de papel amate aumenta, los artesanos otomíes buscan especies alternativas. Entre otras, han descubierto los árboles de jonote, así llamados en la parte alta de la Sierra Norte de Puebla, su nombre científico es Trema micrantha. Estos árboles tienen una altura promedio de 20 metros, crecen rápidamente y en forma abundante, en particular en áreas deforestadas y perturbadas.

Los recolectores separan la corteza exterior de la interior, utilizada para producir el papel amate.

En la Sierra Norte de Puebla, los jonotes, junto con otros árboles, son utilizados para dar sombra a las plantaciones de café (véase el caso de la pimienta gorda). Los cafeticultores han observado que cuando los jonotes tienen aproximadamente ocho años de edad, éstos empiezan a competir con las plantas de café. Por esta razón, en cada época de limpieza de los cafetales, que consiste en la poda y eliminación selectiva de árboles de sombra, algunos jonotes son sacrificados. Anteriormente eran cinchados –se desprendía una tira de corteza alrededor de los troncos para producir su muerte en pie– y ahora son aprovechados por los recolectores de corteza. El número promedio de árboles de T. micrantha en plantaciones de café bajo sombra es de 12.5 individuos por hectárea. En lotes barbechos de aproximadamente cinco años es entre 50 y 100 jonotes por hectárea, pero todos muy delgados, de los cuales se extrae muy poca corteza.

Para la elaboración de papel amate los artesanos hierven la corteza, separan las fibras y las colocan en forma de cuadrícula sobre una tabla de madera, donde las golpean con una piedra volcánica. El uso de este tipo de piedras se remonta a la época prehispánica.

Para la extracción, los recolectores utilizan un machete para desprender largas tiras de corteza desde el tronco hasta las ramas. En el sitio de extracción separan la corteza de la capa exterior de la interior. Posteriormente, los extractores atan las tiras de corteza para formar paquetes, que pesan entre 25 y 50 kilos, y la transportan a la comunidad de San Pablito, en caballo, burro, autobús o automóvil, en recorridos que pueden tardar hasta dos días. En San Pablito los extractores venden la corteza directamente a los artesanos, quienes posteriormente la secan al Sol por unas horas y la almacenan hasta que sea utilizada. En los últimos 15 años la recolección de la corteza se ha convertido en una actividad económica importante para varios pobladores de la Sierra Norte de Puebla. Este trabajo puede representar el único ingreso del recolector o una forma de trabajo temporal para cubrir necesidades básicas. Quienes organizan su trabajo en grupo pueden extraer hasta tres toneladas de corteza por semana. La mayoría, sin embargo, trabaja en forma individual, recolectando entre 10 y 15 kilos de corteza por semana, en ocasiones con la ayuda de sus hijos mayores.

Fuente: La riqueza de los bosques mexicanos: más allá de la madera. Experiencias de comunidades rurales
Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y CIFOR, Montana, México.
2005. 200 páginas.
(Este libro está publicado como PDF y se puede bajar de forma gratuita en http://www.cifor.cgiar.org/Knowledge/Publications/Detail?pid=1890)

4 comentarios para Papel amate: presente de un papel tradicional de corteza

  • rosario garduño

    hola me gustaria saver donde puedo conseguir la fibra de amate aqui en el df pues ya tengo tiempo tratando y no la encuentro no se si usted pueda orientarme se lo agradeseria mucho grasias ROSARIO

  • hugo serrano

    a mi tambien me gustaria saber donde consigo la fibra de amate agradeceria su informacion gracias

  • mabel

    me pareció muy interesante la información del papel amate soy de argentina y quisiera saber como y donde puedo encontrar como se realiza el papel y otras artesanías con el papel Muchas gracias . Mabel

  • DG

    en SAN PABLITO SIERRA NORTE DE PUEBLA AHÍ LO ENCONTRARÁN.

Dejar un comentario