Rebozos, en peligro de extinción

Prenda de uso múltiple y tan generosa que se abre como alas para proteger a los pequeños, útil para cubrirse del frío y del calor, está cayendo en desuso.

A nana María Nico Morales ya no le dan ganas de hacer rebozos. Las
prendas que elabora con amor y paciencia, a razón de una por mes, se le van
acumulando en su troje y ya no tiene más dinero para materia prima. Las mujeres
de ahora han cambiado esta prenda por otras hechas en serie, que pertenecen a
otra cultura.

El rebozo, prenda indispensable para las mujeres todavía en el siglo pasado,
de uso múltiple y tan generosa que se abre como alas para proteger a los
pequeños, útil para cubrirse del frío y del calor, está cayendo en desuso y
podría perderse para siempre.

En otro idioma

Nana María no puede explicar el proceso que desarrolla para elaborar sus
rebozos de telar de cintura. Son tan antiguos que desconoce la traducción en
español de las técnicas que aplica y que aprendió desde niña.

«Yo sé hablar muy poco en español», dijo mientras va tejiendo en un telar
pequeño una prenda que le mandaron a «hacer para una niña chiquita».

Ahora usa hilo de acrilán, pero antes utilizaba lana. Este material es
caro y «mucha gente no lo ocupa».

Calculó que para hacer «un rebozo bordado me tardo más de un mes y la
gente no lo quiere pagar. Uno como el que estoy haciendo trato de venderlo en
800 pesos, pero me lo compran en 600 o 700 pesos. Yo quisiera venderlo a mil
pesos o más, porque llevan mucho tiempo».

Lamentó que las mujeres ya casi no usan rebozo: «La gente está dejando
las cosas de antes. Ya en Angahuan mucha gente usa pantalón y al usarlo ya no
usa rebozo. No les puede decir uno. Es su decisión».

«Éstos cuando están tejidos en lana y algodón ya no lo ocupa la gente,
porque son muy gruesos».

Ni ganas

Arrodillada frente al telar de cintura, nana María parece una
especie de sacerdotisa que le rinde culto a una época que se está acabando: «Ya
no me dan ganas de hacer otro rebozo. ¿Uno qué se gana de tener muchos y que
nadie los compre? Los tengo ahí de a montón y luego, ¿de dónde agarro la materia
prima?».

Sin embargo, no deja su oficio de tejedora: «Eso es lo que sabemos hacer las
mujeres, pero también colchas, servilletas, manteles y servilletas, de la lana,
acrilán y algodón».

«Mucha gente nos visita allá en Angahuan. Cuando nos compran nos da mucho
gusto, porque ya podemos gastar el dinero. Pero al mismo tiempo ya muchas no
saben hacer el rebozo».

De largas trenzas y huanengo bordado, nanaMaría teme que a esta
prenda la sepulte el desuso y advierte que puede desaparecer «porque mucha gente
ni lo ocupa ni trata de aprender».

«Sólo la gente como yo que ya no está tan chica está bien acostumbrada a
ponerse rebozo», dijo la mujer purépecha desde la frontera de sus 58 años».

Su carrera ante el telar empezó «desde niña, porque veía a mi mamá. Desde
chica trata uno de hacerlo, aunque esté feo, porque no nos enseñan nuestras
mamás, pero uno viendo lo va aprendiendo».

Estilo Aranza

María de los Ángeles Cortés Morales es más joven que nana María y
cultiva otro estilo de rebozo. Ella lo va tejiendo con los hilos de algodón que
distribuye en un telar de cintura. Penélope los va forjando hebra por hebra.

Luce concentrada en su labor y parece que se queda al margen del mundo
mientras sus dedos ágiles van generando formas geométricas que después de un
mes, serán una prensa fastuosa estilo Aranza, una comunidad en el municipio de
Paracho.

Ella se inició en este tipo de prendas, porque «me invitó una muchacha de
Aranza. Ya llevo un mes tejiendo éste».

Guardianas de la tradición

María Magdalena, de Angahuan, también más joven pero igual de bonita, comentó
mientras ayuda a traducirle a nana María de los Ángeles las preguntas
reporteriles, que «ahí donde nosotros vivimos casi todas usan rebozo».

Observando a un grupo de mujeres maquilladas, de tacones altos y bolsos
brillantes, explicó: «Yo creo que a ellas no les gustan. No sé porque no lo
usan».

– ¿Será porque no saben que se trata de una prenda fina?

«Tal vez sí. Ese trabajo lo hacemos en un mes porque es puro a mano. Una
pieza de éstas la estamos dando en 800. Unas piden rebaja y otras dicen que lo
estamos dando barato.

Dijo que María de los Ángeles Cortés hace rebozos desde que tenía 20 años,
ahora aparenta como 35. Agregó que estas prendas las llevan a vender a Paracho.

Para comenzar a tejerlas, explicó que el primer paso es el Shakuandani,
término que no puede traducir al español pero que consiste en colocar miles de
hilos en dos piezas de palo largos, calculando el tamaño del rebozo, cuya
materia prima se adquiere en Uruapan.

La Piedad, capital del rebozo

El municipio de La Piedad está considerado como la capital estatal del
rebozo, dada la antigüedad en la elaboración de esas prendas.

En 1946 se formó la Unión de Reboceros de La Piedad y doce años después, el
Sindicato Único de Reboceros de La Piedad.

La elaboración del rebozo amarrado se hace con una navaja, nudo por nudo.
Luego se pasa al teñido y en donde está el nudo no entra la tinta; esa porción
queda blanca, conformando los puntitos de la prenda.

Después con unos cuchillos muy filosos se empiezan a tumbar los nudos, parte
del proceso que se llama desatar. El teñido se hace con anilinas en talleres
rudimentarios, totalmente artesanales.

Otra técnica es la de avetillado, que es unir dos hilos por sus extremos,
para lo cual se usa ceniza con algo de talco en las manos, a fin de que los
hilos no resbalen entre las yemas de los dedos y se haga bien el torcido o unión
de dos hebras.

La tela tiene un engomado que se llama almidón para que no se desmiembre.
Como el rebozo casi terminado presenta una como colita de zorra y el acabado
debe de ser de granizo, tiene que llevar almidón. Para lograrlo se despega con
una escobeta, como cuando una mujer se peina.

Para su planchado se rocía el rebozo y después se alisa con una máquina de
bolos. Después de eso, la prenda queda con lustre.

En Uruapan se elaboran rebozos en Angahuan, mientras que en Paracho en la
comunidad de Aranza.

A pesar de tanto trabajo en su elaboración y de tantos usos, esta prenda está
cayendo no sobre los hombros de las mujeres, sino en los brazos del olvido.

Fuente: Grecia Ponce, Cambio de Michoacán

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