Estas piezas nacen de un proceso que comienza con la recolección del barro rojo, el cual, es trabajado mediante la técnica de modelado a mano, una vez moldeadas las piezas, se dejan secar al sol durante varios días, para después pulirse y posteriormente someterse a la quema.
Lo que distingue visualmente esta colección es su acabado orgánico y las características "manchas de fuego" o nubes negras que adornan su superficie; estas son el resultado del contacto directo de la leña y las llamas durante la quema, lo que convierte a cada vasija en una pieza irrepetible. La corteza de la madera es la principal responsable de dejar estas manchas tras el proceso de cocción.
Un elemento icónico de estas piezas, son sus múltiples boquillas, las cuales encierran un significado ceremonial profundo. En la cosmovisión Mixe, estas aperturas no son meramente estéticas; representan la interconexión de la comunidad y la fluidez de la vida. Tradicionalmente, se utilizaban para compartir bebidas en rituales o como cántaros de agua que permitían un vertido constante, y aunque su origen es puramente funcional, muchas de estas piezas de barro mixe con boquillas se han adaptado para ser piezas decorativas de gran formato, manteniendo su forma y mística prehispánica.