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Ruta de artesanías en Michoacán

Existe un México que no se explica con palabras, sino que se siente en las manos. Un México donde se crean objetos que parecen tener pulso propio. Si alguna vez has sostenido una pieza de barro brilloso como el metal, o una catrina tan detallada que parece que va a cobrar vida en cualquier momento, entonces ya has comenzado a recorrer la ruta perfecta de artesanías de Michoacán.

El estado de Michoacán representa uno de los núcleos de identidad cultural más densos y complejos del territorio mexicano, donde la convergencia entre el pasado histórico y la reconfiguración social moderna ha dado lugar a un paisaje artesanal sin comparación en el mundo. No debe entenderse únicamente como el sitio en el que existen un conjunto de centros de producción de objetos ornamentales.

Visitar Michoacán no se trata de trazar una ruta turística convencional; es un ecosistema vivo que respira en los talleres de cada pueblo con un "don" único. Sin embargo, para el viajero contemporáneo, el verdadero lujo es el tiempo, es aquí donde la ruta encuentra su razón detrás.

Prepárate para un viaje por las comunidades artesanales más fascinantes de Michoacán.

Capula | Donde la muerte se viste de gala.

El primer destino imperdible de la ruta es Capula, localidad del estado de Michoacán, mundialmente famosa por la elaboración de catrinas de barro. Aquí, el secreto es la técnica del punteado o capulineado: un ejercicio de paciencia infinita donde los artesanos utilizan delicados pinceles para aplicar miles de puntos minúsculos que crean texturas visuales imposibles de creer.

Históricamente, la tradición de la alfarería en Capula como oficio inicia con el obispo Vasco de Quiroga. Él enseñó a los pobladores la elaboración de las artesanías de barro, fusionando la técnica española con la indígena, estilo que ha perdurado hasta nuestros días. Pero la creación de la catrina en barro surge en los años 70.  Su nombre original, Calavera Garbancera, proviene de la designación para las personas que vendían garbanza, y que, pese a tener sangre indígena, pretendían ser europeos, renegando de su raza y de su herencia cultural: “en los huesos, pero con sombrero francés con plumas de avestruz”.

Hoy en día, las catrinas forman parte de la cultura popular de México y se han convertido en el símbolo más emblemático de la celebración del Día de Muertos. Este hecho convierte a Capula en una parada obligada, donde la alfarería deja de ser utilitaria para volverse puramente artística.

Quiroga | Dominio de la madera y el barro vidriado.

Continuando hacia el corazón del estado, Quiroga nos recibe como el gran centro del maque y la madera tallada. Para el turista, este municipio ofrece una combinación de gastronomía y compras única, esto último debido a que ha sabido adaptar su carpintería a las demandas modernas, produciendo desde juguetes tradicionales —trompos, yoyos, baleros— hasta muebles rústicos de gran formato. Es una parada imprescindible, para visitar su mercado de la calle principal y adquirir piezas llenas de tradición y esfuerzo.

A pocos minutos, su comunidad Santa Fe de la Laguna envuelve en su mística con su alfarería vidriada. Aquí, el barro vidriado es un ritual de luz; candelabros, candeleros, cruces y corazones destacan por su brillo intenso que emula el reflejo del agua al atardecer. Siguiendo esta técnica artesanal, la ruta nos lleva hacia la especialización ornamental de San José de Gracia, hogar de las icónicas piñas de barro vidriado, piezas donde cientos de escamas se moldean una a una para crear texturas que desafían la vista. Ambas localidades representan la dualidad del vidriado michoacano: desde la elegancia mística de los objetos cotidianos, hasta la explosión de formas y puntas que caracterizan a estas artesanías.

Tzintzuntzan y Santa Clara del Cobre | Fibras y metales.

Tzintzuntzan, antigua sede del Imperio Purépecha, es un nodo donde convergen la arqueología, la historia y una diversidad artesanal que abarca la alfarería y la cestería de fibras naturales. Y sin duda, un destino imperdible al visitar Michoacán. Este pueblo mágico se caracteriza por su zona arqueológica de Las Yácatas y sus distinguidas artesanías de tule o chuspata, materiales trabajados para realizar diferentes figuras, cestos y tapetes de distintos tamaños. Esta técnica también fue parte de las compartidas por Vasco de Quiroga, y se basa en tres tipos de tejido: cadena, petate y torcido. Se teje en familia.

No obstante, si un viajero busca más intensidad, Santa Clara del Cobre es el destino ideal. El sonido rítmico de los martillos golpeando metal al rojo vivo es la banda sonora de este pueblo mágico. Aquí, el cobre martillado se trabaja sin soldaduras, cada obra es una fusión perfecta entre la habilidad artesanal centenaria y el diseño contemporáneo, creando piezas únicas que iluminarán cualquier espacio con su belleza y elegancia.

Los artesanos de Santa Clara, reconocidos por su maestría en el trabajo del cobre, emplean técnicas ancestrales de martillado para dar vida a cada detalle de estas obras de arte. Cada golpe de martillo es una declaración de amor por el oficio, infundiendo a cada pieza una autenticidad y calidad inigualables. 

Morelia | El punto de encuentro.

El viaje culmina donde todo comienza: en la majestuosa ciudad de Morelia. Es aquí donde la ruta cobra un sentido total. En el Showroom La Gran Catrina, la dispersión de los caminos se unifica en un espacio diseñado para ser el punto donde convergen todas las artes mencionadas.

Para el coleccionista que busca la elegancia de las catrinas, el brillo del barro vidriado, la fuerza del cobre martillado y la belleza orgánica del barro creado en zonas más profundas y de difícil acceso de Michoacán como Zipiajo y Huáncito, el showroom ofrece una curaduría impactante. No es una parada más; es el lugar donde el esfuerzo de los maestros artesanos del estado se presenta bajo una luz de exclusividad y respeto, permitiendo que la ruta de Michoacán viva en un mismo lugar.

Pero esta experiencia no se limita a Michoacán. A través de Arte Marakame, el recorrido se expande hacia otras regiones clave del arte popular mexicano: desde el arte huichol de Jalisco y Nayarit —cuyo profundo simbolismo espiritual ha sido ampliamente documentado — hasta los alebrijes de Oaxaca, donde los símbolos zapotecos reinterpretados por artistas contemporáneos dan vida a piezas únicas , y la cerámica de Chihuahua, particularmente de Mata Ortiz, donde la herencia de Paquimé se transforma en una de las expresiones más refinadas del arte cerámico en México . Así, la propuesta no solo reúne territorios, sino tradiciones que dialogan entre sí.

El viaje perfecto por Michoacán comienza en sus pueblos, pero su síntesis cultural puede vivirse en un solo espacio. En la calle Músicos de Tiríndaro 1089, Col. Vasco de Quiroga, se encuentra el Showroom La Gran Catrina, un punto de encuentro donde la excelencia artesanal del estado se presenta con una curaduría de alto nivel.

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